Las artistas consideran que aunque se han producido avances sociales, numerosas mujeres todavía son víctimas de discriminaciones dentro del mundo laboral, de una objetualización y de violencia machista. Para tratar esta problemática, las creadoras muestran el cuerpo matricial y femenino como blanco de diferentes lacras y carencias sociales representado bien a través su desnudez o cubierto con plásticos que construyen su segunda piel que lo oprimen hasta asfixiarle.
El cuerpo de la mujer actúa como paradigma cultural de un contexto próximo y familiar. Un contexto que, representado en su desnudez, liberaría su yo y que, con la segunda piel impuesta y construida artificialmente, lo reprimiría y le impediría el desarrollo de su subjetividad. Utilizan la representación del cuerpo femenino, en tanto que imagen objetiva del género que viene siendo secular y coetáneamente cuestionada. En la actualidad, la representación del cuerpo humano concierne a materias y disciplinas de toda índole, es por ello que encuentran imprescindible que un trabajo artístico sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, promueva en el espectador una reflexión sobre los obstáculos que siguen afectando al desarrollo de la mujer y que producen situaciones de extrema discapacidad en la sociedad social.
Asimismo, el Centro Párraga contará el jueves con dos espectáculos más, uno de danza contemporánea denominado ‘Alhelí’ interpretado por Consuelo Ruiz, y otro de performance ‘Poema&Acción. Mientras la saliva, love’, por Violeta Nicolás.
Poema de Idoia Arbillaga escrito para la fotografía de Mar Sáez que ilustra esta noticia:
La mujer invisible
Con jirones de tu luz has encendido el día. Aunque no podamos verte,
tras cada amanecer eres tú quien retira los grillos azules, cubres las
vigilias con senderos incorruptos, labrados de infinito y de sueños sin
renuncia. Aunque no queramos verte, sigues tiñendo de rojo las
manzanas, de verde los iris infantiles, de naranja el aire lumínico de la
tarde. Y no te vemos a ti, pero sí olemos el óxido en tus espuelas, tan
marchitas; sí escuchamos el arrastrar de ese engranaje férreo, que tus
pies sostienen; sí sabemos de ti por tu sombra, exangüe y persistente.
Sí sabemos de ti, hembra sostenedora, mujer invisible que acunas los
días.













