La exposición se compone de seis espacios bien definidos, explica el director del Museo de Bellas Artes murciano, dos de los cuales aparecen bajo el nombre de ‘Ars operandi’. En él dialogan y confluyen, nos muestran su forma de trabajar y de actuar, tanto en sus composiciones de gran formato (‘Ars Operandi 1’) como en sus obras mínimas (‘Ars Operando 2’). Y en el centro convergen sus particularidades, como arropadas por los espacios comunes.
Nono García “dibuja prácticamente una mancha en el cuadro donde deja objetos de su cotidianeidad”, trazados con “cualidades cromáticas excepcionales”, explica Sandoval. Una mancha que se extiende entre azules y ocres para construir sus ‘Paisajes de útiles’ este autor muleño que “nos introduce en las posibilidades expresivas del bodegón”.
Tapia traslada al espectador “su tormenta interior” principalmente en los lienzos rasgados que abordan el donostiarra 'Peine del viento' de Chillida, “un refugio suyo que, siendo humanizado, lo convierte en agreste, defectuoso, violento”. De hecho, las grietas, constantes en este última etapa del artista, recorren también la catedral murciana, en un nocturno calificado como “apocalíptico, gótico y desesperado” por Cano. Fisuras que también desgarran otros lugares de la ciudad “por donde pasamos deprisa y no nos fijamos. Obras que tienen un estudio de urbanismo”, añade el comisario, y que el autor descubre con “perspectivas que pasan muy desapercibidas” en su espacio titulado 'Grietas: lugares y momentos'.
‘El espejo del alma’, de Juanjo Martínez Cánovas, habla del realismo emocional que practica y de cómo el autor trata de ponerse en el lugar del retratado, y “a ese aspecto psicológico añade la materia, la carne”. Así, por este espacio desfilan el mismísimo Pedro Cano, el torero Pepín Liria, “captados de forma magistral”, y varios rostros retenidos en la retina en su último viaje al colorido Marruecos. Una joven desnuda sosteniendo una calavera, tema recurrente en la iconografía de Martínez Cánovas, abre esta exposición con una imagen “que no es provocadora, pero sí sensual y femenina y mantiene a la mujer en toda su plenitud”, apunta García Sandoval.
“Pepe Montijo es un pintor difícil de definir”, avanza García Sandoval, para advertir de que la suya “no es una pintura complaciente”. En sus obras, reunidas bajo el título de 'Paisajes silenciosos', Montijo reposa y trasmite su inquietud sobre ramas desnudas y edificios derruidos, de los que extrae la luz y las sombras, los volúmenes más delicados y el espacio solitario. “Toma extractos de su naturaleza y los convierte en obra de arte de una forma muy bien tratada, sosegado, sin estridencias. Tienes que estar dentro de ese silencio para escuchar la música que existe en esta pintura”.













