María Pilar Moreno y Joaquín J. Iniesta

Warm Up: entre la actitud y la excelencia

La teoría distingue con precisión entre actitud y aptitud: la primera, entendida como disposición anímica; la segunda, como el conjunto de cualidades que permiten ejecutar con solvencia una tarea. En la práctica, sin embargo, ambas nociones se entrelazan sobre el escenario. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en la jornada inaugural del Warm Up Estrella de Levante, donde el pulso del festival osciló entre la entrega visceral, la pericia técnica y, en los casos más memorables, la conjunción de ambas.

Hubo propuestas que conquistaron desde la actitud, volcadas en una interpretación expansiva y cercana; otras que exhibieron una precisión casi quirúrgica, aunque con menor capacidad de conexión emocional; y, afortunadamente, también aquellas que lograron el equilibrio perfecto, elevando el listón artístico de la noche.

El viernes evidenció un claro dominio internacional. James, con Tim Booth al frente, ofrecieron una lección de sobriedad y oficio. Sin artificios innecesarios, los de Manchester desplegaron un repertorio sólido, sustentado en clásicos que han definido el pop alternativo desde los noventa. Booth, incombustible, ejerció de maestro de ceremonias con una presencia magnética. Resultó, cuanto menos, llamativo que parte del público optara por buscar mejor ubicación en otros escenarios en lugar de entregarse a una de las grandes bandas del cartel.

En paralelo, Midnight Generation se consolidaron como una de las sorpresas más estimulantes del día. Su propuesta, anclada en la nostalgia funk y disco de los años ochenta, iluminó el escenario Ballantine’s con un groove contagioso. Los mexicanos transformaron el espacio en una pista de baile, recogiendo el testigo de unos Biznaga que ya habían dejado su impronta con un directo incisivo y de gran voltaje.

El clímax de la noche llegó con Soulwax, cuya puesta en escena anticipaba una experiencia fuera de lo convencional: tres baterías en paralelo y un arsenal de dispositivos electrónicos que articulaban las distintas capas sonoras. El resultado fue una exhibición hipnótica, a medio camino entre el concierto y la performance audiovisual. Un deleite tanto para los devotos de la electrónica como para quienes se acercan al género desde la curiosidad.

Más allá de los nombres internacionales, la jornada dejó también momentos destacables en clave nacional. Veintiuno demostraron oficio, honestidad y cercanía, logrando activar a un público todavía en fase de calentamiento; Ultraligera hicieron de la actitud su principal bandera; Amore apuntan maneras dentro del pop experimental; y Biznaga, con su habitual contundencia, reafirmaron su posición como una de las propuestas más sólidas del circuito.

Así transcurrió un viernes que no solo inauguró el festival, sino que estableció sus coordenadas: un espacio donde la actitud importa, la aptitud se exige y la excelencia surge cuando ambas convergen.